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CARISMA

HACIENDO FLORECER LA VIDA DONDE ESTÁ AMENAZADA, OPRIMIDA, OCULTA

El carisma es un don particular, específico, gratuito, generoso que Dios concede a algunas personas, inmerecido por parte de ellas, ordenado al servicio y edificación de la comunidad cristiana y a una misión específica en la Iglesia y en el mundo.

Con el Carisma de Fundador o Fundadora concede Dios a la persona unas características únicas: espíritu, forma peculiar de vida, un fin que persigue, una experiencia específica del Espíritu transmitida por el Fundador a los propios discípulos, y que heredan quienes le siguen, como patrimonio original en beneficio de toda la Iglesia; este es el Carisma del Fundador recibido para ser vivido, custodiado, profundizado y desarrollado constantemente, adaptándolo a nuevas circunstancias y haciéndolo permanecer en el tiempo con fidelidad creativa.

Mons. José María Benito Serra, siente la llamada especial de Dios de imitar el ejemplo del Buen Pastor poniendo sobre sus hombros a la oveja descarriada, llama en primer lugar a Antonia María de Oviedo y Schönthal y abren una institución para acoger a las mujeres prostituidas que no han podido ser admitidas en otros establecimientos análogos. El Señor los configura totalmente en su manera de ser y actuar, para llevar a buen término la Misión, les concede especiales aptitudes para su cumplimiento, preferencia por algunos aspectos o misterios de la vida de Jesús que les confieran una especial fisonomía y la aprobación o certificación sobre la autenticidad y veracidad de esa llamada por la autoridad de la misma Iglesia y que las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor han vivido en continuidad histórica, en una actitud constante de búsqueda de nuevos lenguajes y formas que expresen el compromiso liberador, bajo esa inspiración especial en un estilo de vida específico, único, carismático.

La Iglesia al recibir los votos de castidad, obediencia y pobreza, asocia la oblación al sacrificio Redentor de Cristo, en favor de la mujer víctima de la explotación más humillante: la prostitución y la trata con fines de explotación sexual. La Oblata, dando preferencia a la mujer más abandonada que se encuentra en contextos de prostitución y trata, vive una vida evangélica en el seguimiento perfecto a Jesús Buen Pastor, en un estilo propio, particular, profético y capaz de hacer visible y eficaz el amor de Dios. Los rasgos significativos de la Oblata en su real configuración con Jesús responden a las actitudes del Buen Samaritano: se deja invadir por el clamor de la mujer caída al borde del camino de la vida, hace un esfuerzo de acercamiento y compromiso solidario para vivir con ella la liberación; vive la experiencia de Dios con fuerte acento eucarístico y el encuentro con Jesús en la oración, la Palabra, la realidad y con María Inmaculada, patrona especial, modelo de incondicional Oblación al Señor y Perpetuo Socorro de su fidelidad.

La Oblata, es una mujer del Pueblo de Dios, vive en comunidades sencillas y fraternas, encarnadas en la realidad, camina hacia una inserción progresiva en la Misión con la certeza de que Dios quiere poner vida en lugares y situaciones de muerte y por eso la envía a promover la justicia, practicar la misericordia, experimentar y compartir la salvación, permaneciendo hasta el sin sentido de la cruz en su opción por las más débiles. La misericordia, solidaridad, alegría, esperanza, gratuidad, son rasgos del ser de Oblata, que la capacitan para hacer con la mujer un camino en igualdad.

La sociedad en la que vivimos, marcada por el neoliberalismo y la globalización, donde las nuevas y grandes pobrezas afectan de manera especial a las mujeres, llevan a la Oblata a concretar las tareas de misión en pluralidad de proyectos según las características y necesidades de cada país, respondiendo a las urgencias y desafíos que demanda la propia realidad de la Misión, incidiendo en las causas que obligan a las mujeres a ejercer la prostitución. La fidelidad al carisma significa realizar lo que el Padre Serra haría hoy y en fidelidad al Espíritu, vivir el carisma, raíz originaria y esencial, olvidándose de las incrustaciones culturales ya obsoletas y elaborar con fidelidad creativa las respuestas a los actuales desafíos que se presentan.

La espiritualidad, la peculiaridad de la misión, la vivencia del Evangelio en forma específica y única configuran el Carisma, él no se cierra en un lugar y tiempo específico que marque un principio y un final, es un don activo, una fuerza vital, es el aliento del Espíritu Creador al servicio de las necesidades de las mujeres víctimas de explotación sexual, prostitución y trata de todos los pueblos, tiempos, lugares y contextos socioculturales que se van haciendo presentes en el devenir de la historia.